Ciclos o septenarios…

JMN Mazunte

Mi padre, el Maestro José Marcelli, haciendo su ritual matutino al amanecer, justo en esa misma colina de Mazunte…

Corría el año 1991 (mi quinto septenario, 7 x 5= 35), me encontraba en un pequeño y olvidado pueblo costero del sur de México, en Mazunte, Oaxaca. Me hallaba en la cima de una pequeña colina junto al mar, al pie de esta, rompían las olas incansablemente de día y de noche, a veces de una manera muy suave, como acariciando sensualmente las rocas, otras veces de manera violenta y tempestuosa, con una fuerza tal, que el agua salía despedida desaforadamente hacia arriba formando caprichosas nubes de agua, como efímeras esculturas abstractas. El atardecer había sido espectacular, majestuoso y ya las estrellas se multiplicaban infinitas en el cielo.

Hacía una breve pausa del intenso trabajo que implicaba ayudar a transformar este pueblo, de un antiguo rastro de tortugas marinas, en un pueblo ecológico y un bello destino ecoturístico, pero sobre todo, intentando contribuir a que sus pobladores transformaran su consciencia para que pudieran hacer ese cambio.

Reflexionaba en aquel momento sobre mi vida, sobre lo que había vivido y logrado a mis flamantes 35 años. Recordé entonces, mis utópicos sueños de niño y de adolescente, las idealizadas expectativas  de vida de mi primera juventud. De pronto, como una revelación, me di cuenta que había ya rebasado todas mis expectativas -y vaya que eran utópicas-, por lo cual me sentí pleno, completo, feliz. Supe entonces, que podía morir ya mismo, sintiéndome completamente satisfecho con la vida.

Hoy en los albores del 2019, cuatro septenarios después y casi por entrar al noveno, en las montañas del Ashram del bosque de niebla, inmerso en el yoga, la meditación y naturaleza, me doy cuenta que con muchos nuevos proyectos y retos, realizados o en proceso, llevo casi treinta años sintiendo lo mismo…

Agradecimiento, solo eso, profundo agradecimiento a la existencia.

Abrazos y alegría para todos/as en este nuevo ciclo !  Feliz 2019 !

Karuna
Tat Twam Asi

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Despertar en el bosque de niebla

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Cuando desaparezco,
soy un árbol rotundo

que se extiende intensamente,
hacia dentro y hacia afuera,
hacia arriba y hacia abajo,
penetrando la tierra,
rompiendo piedras,
derrumbando murallas,
abriendo caminos
profundos y nuevos
hasta tocar la esencia
íntima de la tierra

Fluye su savia sabia
transitando por cada recoveco
por cada vaso capilar,
alimentando de fuerza vital,
ríos de energía,
nuevas ramas brotan e irrumpen,
inéditas, asombrosas,
cargadas de hojas en blanco
de flores de mil colores
perfumadas e inodoras,
eróticas y ascéticas

Revientan sus frutos
al calor del sol,
se pierden las fronteras
entre el cielo y las estrellas
se funden, se abrazan
se aman,
se expanden

Se transforma permanentemente,
sin tregua y sin prisa
Se convierte en dragón,
escupe fuego,
bate sus alas
es inasible
y tan terriblemente real,
que se confunde
con la vida misma

Entonces,
crea puentes
entre la tierra y el cielo,
que desde esta perspectiva,
son exactamente lo mismo

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Metáforas II

La vida, la existencia es una metáfora en si misma, pues se representa en la mente de cada individuo de acuerdo a la extensión y calidad de su propia percepción. Así, para algunos la existencia es una cosa estrictamente azarosa y material que indefectiblemente termina con la muerte. Para otros, todo es mágico y obedece a designios inescrutables de lo alto, de lo divino. Otros la ven como una ilusión, pues la verdad –dicen-, está más allá de su alcance y solo idealizándola le dan forma en su mente. Existen, se han creado a lo largo de la historia humana, una infinita variedad de visiones o de explicaciones intermedias sobre la vida y la muerte. Según nuestros estudiosos de la población, hoy día el planeta está habitado por más de siete mil millones de seres humanos, es decir, siete mil millones de formas de ver el mundo. Y es precisamente esa inmensa variedad lo que da riqueza a la vida, a la consciencia.

La diferencia de visión es sólo de amplitud, de extensión. Y ya que estamos en la metáfora, permítanme expresar una, que aunque muy trillada viene al caso como anillo al dedo. En esta metáfora, la vida y la existencia son como círculos, mejor aún, como esferas en expansión, donde las subsiguientes contienen a las previas.

A ras del suelo, nuestra visión abarca solo algunos metros a la redonda, siempre y cuando no haya barreras, interferencias visuales, que en este caso podrían ser prejuicios, creencias, certezas, miedos, filias y fobias e incluso, desidia e indiferencia. Esta metáfora de la vida es la de un mundo muy chato, gris y sin sentido. Es la realidad de muchísimas personas. Ahora, si vamos elevándonos paulatinamente sobre el suelo, se van ampliando nuestros horizontes de percepción, poco a poco vamos abarcando más. No podemos evitar entonces, ver cosas y personas que nos gustan y también a las que detestamos, pero como tenemos una visión más amplia ya no nos afectan tanto ni las unas ni las otras, vemos que todas forman parte del paisaje, como los bosques y los desiertos, las campiñas o las ciudades. Comenzamos entonces a apreciar el paisaje por si mismo, más allá de nuestras empatías y antipatías. Si logramos ampliar más aún nuestro campo visual, al ver desde mayor altura, se van perdiendo incluso esas diferencias tan íntimas y que tanto nos afectan o nos perturban como son la raza, la religión, las naciones. Desde esta altura, todo parece ser una humanidad y un mundo, diverso y unitario al mismo tiempo. Y más alto aún, vemos desde esa perspectiva solo un bello y azul planeta, donde todo forma parte de una unidad de existencia. Pero si nos elevamos más aún, encontramos planetas, un sol, miles, millones de soles y galaxias. Percibimos entonces que no solo formamos parte de ese infinito universo, sino que somos eso mismo.

Cuando pones pies en el suelo nuevamente, te queda en el corazón y la mente el reflejo de esa amplitud. La experiencia des ser uno con el cosmos te da la oportunidad de vivir alegre y despreocupado, pues todo forma parte de la obra de teatro más maravillosa, pero también,  muchas veces nace una enorme necesidad de servir a esta existencia de forma compasiva y activa, al ver tantas personas que se afanan, sufren, pelean y tratan de ser alguien sin darse cuenta que ya son un universo. Algunos de los que deciden compartir su florecimiento, intentan compartirlo amorosamente, otros lo hacen formalmente, otros con toda seriedad, otros hacen bromas, se burlan de las formas, gozan con rebelarse ante las pequeñeces por las que nos afanamos…

¡Pero si ya somos Kosmos!

Con alegría karúnica

Héctor Marcelli


Febrero 2012

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Sabiduría amorosa

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Por muchos siglos ha habido un divorcio entre la sabiduría y la alegría, entre la trascendencia y el amor humano, entre la ciencia y el arte… y así, una infinidad de dualidades que han hecho más gris y triste la vida de muchísimas personas a lo largo de la historia. Se ha considerado inclusive, que la espiritualidad debe ser seria y en consecuencia, la alegría parece mundana, superficial, la risa no es permitida en los templos e iglesias.

Claro que afortunadamente, siempre hay excepciones. Mi padre contaba una deliciosa anécdota sobre una entrevista que se hizo al superior de un importante monasterio Zen donde había decenas de monjes, algunos de los cuales tenían muchos años de claustro. El entrevistador preguntó por el objetivo del monasterio y de los monjes en él. El superior respondió que buscaban, a través de la meditación, romper la rueda del sufrimiento desde su raíz, eso que llamamos Nirvana. Nuevamente el entrevistador, preguntó: ¿y cuanto tiempo se requiere para eso? El superior contestó: Es imprevisible, pueden ser semanas o años… ¿Y cuando sabe usted que han logrado el Nirvana? volvió a preguntar el reportero. Muy fácil, respondió de nuevo el Maestro, cuando un monje comienza a sonreír, a estar alegre y cada vez más feliz sin importar lo que suceda, entonces está listo para abandonar el templo y regresar al mundo.

Por mi visión tántrica, nunca he sido (en esta vida), simpatizante del encierro, el claustro o el simple “alejamiento” del mundo como método de consciencia, pero la anécdota me permite ilustrar el sentido de la alegría, incluso de la alegría ruidosa como elemento sustancial de un posible despertar más amplio, holónico, de la consciencia humana para estos tiempos. Por supuesto, ni la alegría ni la risa son por si mismas indicadores de consciencia o  de la espiritualidad, pero estas, sin alegría, más vale no encontrarlas. Una “espiritualidad” seria deviene casi siempre en dogmatismo y este, muy fácilmente termina en imposición y violencia.

El cuento viene a colación por un nuevo proyecto -uno más!-, en el que he decidido participar. Mis queridos amigos de Solaris en San Luis Potosí, México, esa maravillosa familia de “los Contreras“: Mily, Cristian, Tony, Oliver, Itzin -aunque la familia es en realidad más amplia (colegas, parejas, socios…)-, me han invitado a formar una hermosa alianza para unir habilidades, descubrimientos, energías y trabajo en favor de esa visión de una consciencia acuariana, diversa, inclusiva, profunda y divertida!

El proyecto se llama justamente PRAJÑA PREM, que puede traducirse como Sabiduría amorosa, o Sabiduría Karúnica! El proyecto nace de la unión con otro par de guerreros de la alegría y la consciencia:  Arpana y Nandú, Sanyasines de Osho y su proyecto Amarte. En realidad, la asociación con este par de personajes es algo cuestionable, es como para pensárselo, pues son irreverentes y muy poco serios, podrían dar una mala imagen a la profunda espiritualidad del proyecto…   Para muestra un botón…

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Pero con la imprudente insensatez que me caracteriza, me he aventurado a correr el riesgo… Así que Solaris, Amarte y un servidor, en coordinación con el Ashram del bosque, unimos visiones y esfuerzos en una nueva propuesta:

Una formación de profesores de yoga poco convencional -en realidad es mucho más que eso-,  que unirá las múltiples habilidades yoghicas de la familia Solaris: hatha, kundalini, sivananda, ashtanga, acro, iyengar, yoghismo…  con las habilidades de meditación que un servidor y varios querid@s amig@s hemos trabajado y experimentado por décadas: zen, yoghica, taoísta, budhista, sufi…, más las habilidades terapéuticas y Osheanicas de Arpana y Nandú.

Yoga, meditación y terapias.

Tres frentes complementarios de crecimiento, sanación y alegría

Pronto habrá noticias.

Alegría !

 

 

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Alegría!

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En el año dos mil dieciséis, dos grandes amigos se dieron cita en Dharamsala, India. Grandes por sus almas –Mahatmas dirían justamente en India-, grandes por sus obras y por su sabiduría, mismas que les han hecho merecedores, cada uno por sus propias trayectorias, al Premio Nobel de la Paz: Tenzin Gyatso, el Dalai Lama y Desmond Tutu, arzobispo de Sudáfrica. El pretexto del encuentro fue celebrar el cumpleaños del Dalai Lama, pero los días que compartieron en el regocijo de su larga amistad dieron a luz un extraordinario y hermoso libro: “El libro de la alegría”.

Este libro, resume la trayectoria y sabiduría de muchos años de trabajo, reflexión y de una práctica personal de compasión activa. Cada uno desde su visión, el Budismo y el Cristianismo, han llegado a las mismas conclusiones, las cuales comparten con una serie de sencillas prácticas para aprender a desarrollar hábitos para la felicidad. Estos hábitos –a diferencia de los hábitos de infelicidad-, requieren coraje, practica, voluntad y sobre todo, consciencia. La infelicidad se da casi siempre de forma automática e inconsciente en la psique contemporánea. La eterna insatisfacción o Dukka de los Budistas.

A mediados del año pasado mi querido hermano, amigo y ángel de la guarda, Alan Wrigth, me envió el libro “The book of JOY”, en el contexto de un taller que estamos diseñando para mejorar la calidad de vida de los hombres en estos tiempos de cambios dramáticos. Por supuesto, leer el libro fue una aventura gozosa y feliz. De hecho, ya habíamos experimentado un poco antes, un taller conjunto de manejo de las emociones, usando las técnicas del yoga, la meditación, la comunicación no violenta y el uso del bosque como elemento de sanación interior. El taller fue de gran aprendizaje para todos los que participamos.

Tuvieron que pasar muchos meses para que Alan regresara al bosque, pero esta vez regresó, además de con su amada compañera Paula y con su nuevo estatus de abuelo, con un grupo de amigos de los estados unidos, algunos de hace tiempo y otros muy recientes, para experimentar un nuevo taller de inmersión durante una semana en el Ashram y al cual denominó: “Coming back to the life”. Alan decidió usar tres libros como referencia de este nuevo taller, aprovechando sus visiones y prácticas:

  • The book of JOY” del Dalai Lama y Desmond Tutu.

  • Coming Back to Life: Practices to Reconnect Our Lives, Our World” de Joanna Macy.

  • Shinrin-Yoku: The Art and Science of Forest Bathing. De Quing Li

Cada día, se trabajó con los elementos propuestos por estos autores, los cuales complementamos con prácticas profundas de Yoga: kundalini, raja, dhyana, hatha y tantra.

Un elemento que fue guía durante toda la semana fue la práctica de los ocho pilares de la alegría propuestos en el libro de la alegría. Cuatro son de la mente y cuatro del corazón:

  • Humildad

  • Humor

  • Aceptación

  • Perdón

  • Gratitud

  • Compasión

  • Generosidad

  • Perspectiva

No voy a detallar las infinitas posibilidades y ejercicios de cada pilar, pero puedo decirles que usamos diferentes técnicas para sintonizarnos con cada una de estas energías fundamentales de la alegría. Pueden leer el libro y sobre todo aplicar los ejercicios propuestos. Solo leerlo no sirve de nada,

Hicimos incursiones en los diversos senderos del bosque usando las técnicas del Shirin Yoku, que son también las del Taoísmo. Estas técnicas pueden ser más meditativas o más sanadoras (es difícil encontrar la diferencia), pero el requisito es tener nuestra consciencia clara de cada detalle del bosque y de mí mismo en él.

Por supuesto, las amorosas técnicas de comunicación no violenta o comunicación compasiva, desarrolladas por la eco-filósofa y budista Joanna Macy, fueron base fundamental de este trabajo.

Mi gratitud es inmensa por haber tenido el gusto, la alegría y la suerte de haber conocido y compartido de cerca a seres exepcionales: Rich, Beverly, María, Claire, Mike y Marney.  No son solo nuevos amigos, son conexiones profundas desde el alma, las cuales me permiten profundizar más en la comunión que debiera ser el encuentro de cualquier ser humano.

Gracias.

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V Convergencia latinoamericana de permacultura 2018

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A principios de los ochentas ingresé de lleno al quehacer ambiental con varios referentes que fueron conformando mi visión y dirección de trabajo. 

Por un lado, tuve la visión del conservacionismo a través del Lic. Ricardo Mier Ayala, quien había fundado la organización Bioconservación A.C. Desde esa plataforma incursioné en dos importantes proyectos. Por un lado, dio inicio una larga lucha de diez años en favor de la protección y conservación de las tortugas marinas en México, cuya especie mermaba alarmantemente. El instrumento fue un proyecto que se denominó “Operación Tortuga”, donde convergieron diferentes actores, desde la aún incierta Subsecretaría de medio ambiente a cargo de Alicia Barcena (actual Secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Pronatura, la Fundación Domec y Bioconservación. Finalmente, en mayo de 1990 vimos coronados nuestros esfuerzos con el decreto de veda total a la pesca de tortugas. 

El otro proyecto fue la creación de Bioconservación en Nayarit, donde en 1983 luchamos por la protección del Cerro de San Juan. Una serranía extraordinaria que se logró convertir en Parque Estatal. 

Por el otro lado, en ese tiempo también incursioné en la visión de las soluciones técnicas y pragmáticas a las diversas problemáticas socio-ambientales, tales como la contaminación, el manejo de la energía, la producción de alimentos, la construcción, etc. Mi formación se dio en la maravillosa y pionera Fundación para el Ecodesarrollo Xochicalli A.C., que lideraba el Físico Jesús Arias Chavez, cuyas muy eficientes ecotecnologías siguen siendo aún la base de muchísimos proyectos. En aquel entonces el término que usábamos era justamente Ecodesarrollo –término que me sigue gustando-. Lo de desarrollo sustentable aún no permeaba en el discurso ambientalista, menos aún el término Permacultura.

Pero tenía también la visión y modelo del activismo ambiental comprometido de Greenpeace como principal referente, además de otras organizaciones como Amigos de la Tierra, Earth First, Earth Island Institute. Paralelamente, en un nivel más visionario e idealista –en el mejor de sus sentidos-, tenía el referente de The Farm, esa legendaria comuna hippie de los sesentas, que evolucionó hasta ser un modelo y escuela de las actuales Ecoaldeas, de la producción sustentable, de la comunicación no violenta, la mediación y mucho más. Plenty, su brazo socio-ambiental, promovía proyectos de desarrollo por medio mundo y me sentí feliz de coincidir con ellos en Guatemala a mediados de los ochentas, donde instalaron una “lechería” de soya manejada por indigenas locales que sigue funcionando a la fecha.

El termino, visión y conceptos de la Permacultura, los conocí de primera mano a mediados de los noventas por parte de Skye, un australiano que, cual misionero permacultural, viajaba por medio mundo dando charlas y cursos donde veía que había interés. El concepto y sus propuestas me atraparon por su integralidad, inclusión y visión de conjunto. De inmediato comenzamos a aplicar sus preceptos en los proyectos que implementábamos a través de la organización que fundé en los ochentas: Ecosolar A.C. y poco después en la Red Bioplaneta.

Desde entonces, he participado en cientos de proyectos, consultorías y apoyo a comunidades, donde siempre aparece esta visión.

Cuando hace más o menos un año, mi querido amigo Holguer Hieromini, comentó al aire que la Convergencia latinoamericana, programada para realizase en Venezuela en 2017, no se llevaría a cabo por las difíciles condiciones actuales en ese hermoso país, preguntaba también si alguna organización estaría interesada en ser la sede en 2018. No tuve que pensarlo dos veces para lanzar nuestra propuesta, teniendo como base el ya casi legendario proyecto de Las Cañadas, en coordinación con nuestro flamante Ashram del bosque.

Así que me he sentido honrado y feliz de esta reciente edición: La V Convergencia Latinoamericana de Permacultura que se realizó del 29 de octubre al 4 de noviembre.

Nuevos y antiguos amigos, amigas de Brasil, Cuba, Argentina, Colombia, Costa Rica y México nos dimos cita para compartir saberes, proyectos y visiones. Más de 60 personas comprometidas y con proyectos en curso. En mi caso, me he sentido muy enriquecido y feliz. Se ha redoblado mi irreverente e irredento optimismo de que la sociedad se va enfilando hacia una nueva cultura, donde justamente, la PermaCultura, tendrá un papel fundamental.

Aún con los enormes retos de nuestra época, son ya millones de organizaciones y personas trabajando por todo el mundo para lograr un mundo más justo, fraterno, sustentable y consciente.

Gratitud

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Encuentro de Bodhisatvas

En un antiguo templo Inca, enclavado en la cúspide de una cordillera de los andes, se extendía una amplia explanada cubierta de hierba. Desde ahí, podías observar el imponente espectáculo de las montañas nevadas al norte, donde los dioses antiguos residían desde tiempos inmemoriales. Viendo sobre el acantilado hacia abajo por el noreste, el largo Valle con su río sagrado se miraba a lo lejos, como una serpiente que ondeaba entre las montañas. Los vestigios de los templos, del altar y las instalaciones del lugar, diseñado para la expansión de la consciencia, subsistían aun, dando una idea clara de la visión que orientó a sus constructores, esto claro, para quien tuviese los referentes adecuados, la suficiente información y la capacidad de armar el rompecabezas con tantos otros lugares similares a lo largo y ancho del mundo. Templos, pirámides, rocas y montañas, han sido usadas a lo largo de la historia humana, como “maquinas” que direccionan y utilizan la energía de estos lugares para la activación de la propia energía hacia la expansión de la consciencia.

Elavalo recorría el lugar en silencio, se detenía, meditaba o reflexionaba en cada edificio, en cada ángulo y nicho. Se extasió nuevamente en la gran explanada principal que se abría como una flor hacia el cielo. Poco a poco recordaba sus conversaciones con Huiracocha, aquel maravilloso Bodhisatva, hace ya tantos siglos, quién guío a su pueblo en una era compleja. Recordó cómo, a contracorriente –como suelen hacer los Bodhisatvas-, unificó dos linajes, dos sabidurías, la Quechua y la Aymara, creando este espacio para conectar nuevamente a los seres humanos con la consciencia universal. Lo hizo no solo para su pueblo y su tiempo, sino como un legado para las futuras generaciones.

En eso reflexionaba Elavalo cuando observó en silencio, como algunas personas llegaban al lugar por los diferentes accesos del templo. A primera vista identificó, por sus ropajes y rasgos, como cada uno venía de países diferentes, trayendo consigo el legado de sus propias culturas, de sus tradiciones y sabidurías. Sonrió radiante y comprendió –o recordó-, el motivo de su visita a este lugar, en ese día, de ese mes, de ese año…

El grupo se fue reuniendo en un círculo en medio de la explanada, se sentaron en silencio hasta que todos estuvieron reunidos. Eran doce en total. Nuevamente sonrió Elavalo y nuevamente recordó. Nadie les había citado, nadie había organizado el encuentro, pero todos recordaron el motivo de su reunión.

Sucede que la sintonía de la consciencia despierta, mueve los hilos sutiles que nos conectan con nuestra misión, nos pone en contacto de maneras misteriosas con las personas y lugares que necesitamos a lo largo de nuestro ciclo de vida, para continuar colaborando con la existencia. Así, esta reunión de Bodhisatvas no fue programada, pero se gestó a través de la sintonización de estas doce consciencias reunidas en lo que un observador externo vería como “azar”.

Después de un tiempo en silencio, donde cada uno observaba el entorno y se miraban a los ojos unos a otros, asimilando la energía del lugar y terminando de ajustar sus recuerdos o comprensiones del objetivo –si es que se le puede llamar así-, de este encuentro.

Entonces Elavalo comentó:

  • Indudablemente es el tiempo, el momento indicado lo que nos ha traído y reunido aquí. Después de tantos siglos llegué a dudar de que este momento llegara finalmente. Hoy por lo tanto, solo puedo expresar gratitud.

Una mujer de tipo europeo comentó

  • Fue la suma de nuestras energías sintonizadas la que nos ha guiado a este momento y lugar dijo, con una sonrisa radiante.

Otra mujer de indudable ascendencia oriental dijo

  • Es largo el camino que he recorrido, impulsada por la irresistible necesidad de llegar aquí. Al encontrarles y verles, finalmente recuerdo aquellas palabras de nuestro querido Sakyamuni -hace ya 2,600 años-, que se referían indudablemente a ésta época, a este momento y lugar, contrastante y fascinante.

Elavalo retomó la palabra

  • Así es queridas amigas, además, el hecho de que la mayoría de ustedes sean mujeres y Bodhisatvas es parte de la visión de Sakyamuni para estos tiempos, recuerdo que nos comentó que miles de Bodhisatvas vendrían a la tierra a colaborar para el despertar y avance de las consciencias humanas que compartimos este planeta. Y esta me parece, es una de las señales más inequívocas: El florecimiento y despliegue de la energía femenina. La época –al fín-, del equilibrio del Yin y del Yang, como las dos líneas onduladas de acuarius…

Otra mujer vestida toda de blanco y con un turbante adornando su cabeza, sonrió feliz y dijo

  • También nuestro querido Maestro, Harbhajan Singh, ha preparado el terreno para que esto sea posible. Nos ha regalado toda una tecnología olvidada –o tal vez expresamente ocultada-, por siglos para este nuevo despertar.

Es el tiempo de equilibrar –continuó Elavalo-, de trabajar unidos, con pasión y consciencia . Aun parece incierto o utópico para muchos. Muchas pasiones se debaten todavía, la oscuridad se hace más evidente y pareciese que se agranda ante el torrente de luz que nos ilumina, lo cual desconcierta a muchos, pero esas son las señales. Es el tiempo.

Bienvenidos a Acuarius !

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