El regalo

Flor

Elavalo caminaba por el bosque tomado de la mano de su amada. Se dirigían a una reunión de amigos y amigas en un pequeño y mágico claro rodeado de antiguos árboles.

Todos celebraron la llegada de la pareja con alegría. Se sentaron en la hierba y comenzaron a charlar, a compartir aventuras, sentires y pensares.

De pronto se hizo el silencio. Un silencio acompañado de los trinos de las aves, de la brisa del viento en las copas de los árboles y de algunos insectos y colibrís que danzaban entre las flores. Una de las mujeres se dirigió sonriendo a Elavalo y le preguntó:

  • ¿que mensaje nos tienes, en estos días alborotados y trastornados por las mujeres?

Elavalo sonrió con plena alegría. Se conocían de hace tiempo y habían compartido el camino muchas veces. Miró a los ojos a su amiga y después los de cada una de las ahí reunidas. Finalmente comenzó un breve relato…

Cuentan algunas tradiciones y leyendas tántricas, que en antiguas culturas avanzadas en su evolución, la diosa, siempre atenta a la felicidad, la consciencia y las necesidades de sus hijas, les hizo el preciado -y divino, por supuesto-, regalo de una flor mágica. Una flor para que le recordaran, honraran y celebraran siempre. Fue un regalo muy personal e íntimo, con el que cada mujer se reconoce y redescubre a sí misma. Un regalo para jugar y divertirse, lo mismo que para recordar la inmensidad e intensidad luminosa de la existencia. Y por supuesto, para celebrar y reconocerse como diosa, en sintonía con la diosa universal.

Así que cada vez que una mujer tomaba en sus manos el regalo, o con el apoyo de las amorosas manos de su pareja, celebraban el mágico ritual, el arte sagrado, la ceremonia cósmica de recordarse como seres terrenos y espirituales al mismo tiempo, reconciliando el mundo con el cielo, deshaciendo la ilusoria dualidad de la existencia… 

¿que flor es esa?  dijeron todas, casi al unisono

Su nombre es clítoris, dijo Elavalo…

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En búsqueda de la totalidad

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Hoy día tenemos una palabra hermosa, sugerente y profunda para definir esa búsqueda humana -desde el principio de nuestra aparición en este maravilloso planeta-, de ese “algo” que pueda conectarnos con  la existencia en su totalidad. A lo largo de los milenios, a esa búsqueda le han puesto muchos nombres: dios, diosa, gran espíritu, universo, divinidad, inteligencia cósmica, orden universal y muchos más. En lo personal, me gusta explorar una expresión que trata de ir aún más allá del concepto de un dios creador, o en lenguaje contemporáneo, más allá de la fuente o germen de la existencia perceptible, es decir, antes del famoso big bang de los físicos de nuestros días. Es un concepto que trata de intuir la causa primigenia de la existencia. En India le dicen Tat, en China Tao, en Kabhala Ain Soph, los Toltecas decían Ipalmenohuani…, es decir, lo sin límites, innombrable, inmanifestado, “aquello” que precedió la creación de la existencia y aún de dios mismo.

Pero dado, que es un concepto demasiado intangible, aún para el pensamiento filosófico, místico o científico más refinado, regreso a esa bella palabra de nuestros tiempos para definir nuestra intuición de un acceso posible a la comprensión del universo y su origen.

Holón

Simple, bella, sencilla, elegante. Una palabra corta, sin aspavientos ni grandilocuencia. Una palabra que define con claridad mi trabajo de  esta vida. Es además, una palabra que define un concepto dinámico, vivo, que no puede confinarse a filosofía, religión, arte o ciencia alguna, pero que les incluye y les ayuda a todas, a cada una, a explicar lo inexplicable de sus propios análisis, exploraciones, razonamientos, intuiciones. Ayuda a salir de los callejones sin salida de cada forma de expresión de la mente humana. No es que resuelva los problemas físicos o metafísicos como por arte de magia -porque incluye sin problema, a la magia-, acerca de la existencia. Es más bien como una clave que desentraña nudos filosóficos. Es  una palabra integradora pues no deja nada fuera, pero, ordena -al menos en nuestro pensamiento-, cada cosa, idea o concepto en su justo lugar.

La palabra fue empleada inicialmente por Arthur Koestler en su libro,  El espíritu de la máquina. Pero como he comentado antes, las grandes ideas que revolucionan el pensamiento, las concepciones de la vida o que crean nuevos paradigmas, siempre rebasan a sus creadores.

Los fractales y hologramas pueden ser metáforas de la esencia del Holon, pues cada fractal está compuesto de su misma imagen repetida en miniatura y cada miniatura, es reproducida hasta el infinito. Totalidad y parte al mismo tiempo. Como cada cosa, como cada ser que existe en el universo, que es total en si mismo y forma parte de una totalidad mayor.

La flor de la vida, el mandala que encabeza esta nota, es otra buena metáfora del sentido del Holón. Es infinito, bello y ordenado.

Nos permite además, nuevas expresiones que pueden reestructurar nuestro pensamiento, tales como: holarquía, holocracia, holónico y hasta el popular en los medios “new age”, holístico.

Me parece mejor concepto para nuestra mentalidad contemporánea que algunos esquemas más convencionales como el vedanta adavita (no dualista y por lo tanto integrador) o inasibles como el Tantra.

La maravilla intrínseca del Holón, es que dota a los seres humanos de dignidad y responsabilidad, de libertad y comunión, de individualidad y totalidad, de mundanidad y divinidad. Todo al mismo tiempo, pero cada cosa en su justo lugar. En una hermosa paradoja, te hace darte cuenta de que formas parte de todo, siendo un individuo quien se da cuenta…

 

 

 

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Luz

Hace unos días caminaba con mi amigo Andrés Levy por la Sierra nevada de Santa Marta, con la visión y el objetivo de sintonizarnos para encontrar el lugar que nos está esperando -en algún lugar de la sierra-, para crear un Ashram. En uno de los hermosos caminos que recorrimos encontré esta hermosa flor (Barringtonia asiática). De inmediato vino a mi consciencia, como un relámpago, una profunda experiencia que tuve muchos años atrás…

Trabajaba en la costa de Oaxaca, en Mazunte, entregado a mis proyectos socio ambientales. Acostumbraba por las tardes ver el atardecer en Punta Cometa o nadar y correr por la playa aledaña de Mermejita, que en ese entonces era completamente virgen, por lo que podía pasar días enteros ahí sin ver a ninguna persona. Una tarde, después de correr me detuve finalmente a ver el atardecer frente a la mar. Tan embelesado estaba que, como en otras ocasiones, los maravillosos colores del cielo se tornaron poco a poco en una profunda oscuridad tachonada de miles de estrellas. De pronto, tuve una consciencia inusual de extrema claridad y expansión, un “insight“. La sensación inicial, viendo la enorme oscuridad de la mar frente mi, con su penetrante y poderoso mantra, fue el pensamiento: “aquí termina el mundo”.  Pensé en la sensación de tantas generaciones de personas en la antigüedad, durante su primer encuentro con la mar, con el océano inmenso e infinito desde nuestra pequeñez humana. Pero algo más se agitó intensa y profundamente en mi consciencia. Tuvieron que pasar varios días para que esa experiencia fuera tomando forma de metáfora en mi mente.

Es algo que ya muchas personas han expresado antes de diversas maneras, pero ni Buda ni Lao Tze -solo por mencionar un par de personajes extraordinarios-, pudieron expresarla de esta manera:

Los humanos somos luz en nuestra esencia, “polvo de estrellas”. Pero en el mundo somos únicos y diferentes al mismo tiempo, lo cual enriquece el universo y nuestras consciencias. Pero todos venimos de una fuente común de luz.

Entonces, la imagen metafórica que vino a mi mente fue la de una lámpara de fibra óptica, donde cada filamento -cada ser humano-, es una terminal cósmica que brilla en el mundo con luz propia, de diferente color e intensidad, generando diversidad y belleza, pero como en la lámpara, todos tenemos nuestro origen, en una fuente común de luz.

Es por eso que viendo hacia adentro, como han hecho los místicos, nos damos cuenta de que somos UNO y que somos LUZ. Pero hay otras posibilidades. Como la de los astrofísicos abiertos y sensibles (Sagan, Einstein) que ven en la luz del cosmos un reflejo de esa misma luz “somos polvo de estrellas”. O cuando dos terminales de fibra óptica, dos puntos de luz, es decir, cuando dos seres humanos se unen con intensidad, profundidad y consciencia, encontramos de nuevo, viendo a través del otro/a, que somos lo mismo: LUZ

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El regalo de la diosa.

Dakini

Elavalo era un maravilloso cuenta-cuentos, como lo son muchos Bodhisatvas, pues solo a través de cuentos, metáforas, parábolas y poesía es posible transmitir al alma humana parte de la experiencia de la trascendencia de la dualidad. Así que en cada encuentro compartía sus cuentos a las personas que se acercaban a escucharle.

Un tema era recurrente: Las relaciones humanas entre hombres y mujeres y la posibilidad de transformarlas en vía de trascendencia. Así en una reunión Juan le preguntó:

  • Maestro, la mayoría de las relaciones de pareja son tortuosas y dolorosas. Se generan emociones sublimes, casi divinas y luego generan oscuridad y sufrimiento. ¿como podemos ir más allá de esto?

Elavalo lo miró con profunda compasión, pues él mismo había vivido a lo largo de vidas, los encuentros y desencuentros amorosos y  humanos. Quedó en silencio por un momento que a sus  amigos les pareció largo.  Finalmente hablo:

  • En la consciencia pura no existe el género, no somos hombres o mujeres, pero para comprender el Cosmos y su esencia, nacemos como hombres y mujeres, justamente para modelar y experimentar su realidad manifestada, lo cual es la única vía para trascenderlo…

Quedo nuevamente en silencio y al ver los rostros confundidos de sus amigos, particularmente el de Juan, sonrió alegre transmitiendo esa alegría a todos.

Les voy a contar una historia…

Algunos seres humanos son muy afortunados, tanto, que el argumento de haber realizado buenas acciones en esta y anteriores vidas no es suficiente para explicar la predilección de la diosa por algunos seres humanos masculinos.

En la mitología griega y en muchas otras, algunas diosas suelen enamorarse de un hombre mortal, por lo cual se manifiestan en el mundo como mujeres de carne y hueso para enamorar, enseñar, orientar e iluminar al elegido. A veces, de este amor resulta una tragedia para el hombre por la imposibilidad de lograr una vida “normal” ante las sustanciales diferencias entre ambos. Pero en algunos afortunados casos, este amor sirve para dotar de una especie de condición de semidioses a los afortunados, pues si estos logran asimilar la divinidad de su sagrada pareja, se divinizan a sí mismos. Esto no es fácil, pues las reglas humanas que rigen la vida, emociones y pensamientos de los hombres difícilmente logran ser trascendidas, por lo que más bien generan sufrimiento por apego, deseos básicos o sublimados, por desear las imágenes convencionales y románticas de las parejas mortales.

La diosa es amorosa, pero implacable, a veces puede manifestarse  como Venus Afrodita, aveces como Diana o Minerva severas guerreras, a veces incluso como Kali,  dependiendo de la lección que el elegido necesite en su consciencia. Su condición suprahumana le da la visión global de la existencia, donde una vida cronológica humana, con sus venturas y desventuras, es solo un parpadeo. Aun sabiendo que en el más imperceptible parpadeo se gestan millones de posibilidades -pues en el mundo divino, las leyes del tiempo no tienen correlación con las de la vivencia humana-, para un humano normal puede representar una pérdida y por lo tanto sufrimiento.

Así que si el elegido logra desenredar y trascender la maraña de maya y de duka puede entonces agradecer infinitamente -desde lo más profundo de su consciencia-, por la extraordinaria posibilidad de amar y ser amado por la diosa, se da cuenta de que finalmente ha encontrado el amor intemporal, el que expande la consciencia, el incondicional y universal, el que rige el flujo de la existencia holónica, donde se funden el amor humano y el amor cósmico en un abrazo sin fronteras.

No importa que por momentos, la duda o el desaliento lo entristezcan, pues sabe, siente, experimenta –en los momentos de lucidez-, que todo sentimiento humano es perecedero, pero el amor de la diosa y a la diosa, se encuentra siempre en el interior de sí mismo, de manera infinita y oceániaca.

Así que sin evadir, menospreciar o anular este maravilloso mundo exterior de cada día –el único posible para este tipo de encuentros-, pero  equilibrándolo con la visión interior, el encuentro de los amantes cósmicos se nutre y expande permanentemente generando luz.

Luz pura de nuevo, sin género !

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Me declaro absolutamente enamorado

La existencia me ha colmado en demasía
He amado la luz, he besado la oscuridad

Mi piel ha sido acariciada en su totalidad
       por la mar
       por el viento
       por el sol
       por la tierra
por las manos y labios de la diosa
mi amada,
manifestada en las distintas mujeres
que han compartido mi camino

He amado y he sido amado en plenitud
por tanto,
he sanado profundamente
por esos amores
que en realidad
son uno solo
amor consciente

Algunos se han conformado
sólo con el amor divino
       incorpóreo
otros con el amor del corazón
       romántico
o con el amor de la mente
       etéreo
o con el amor de sus cuerpos
       tangible
cada uno es total en sí mismo

Como agradecer entonces
el recibir todos juntos
de muchas manos y labios
de muchas almas
de la vida misma

Entonces este amor se expande
toma miles de formas
de atardeceres y amaneceres
de campos rebosantes de flores amarillas
de bosques exuberantes y húmedos
de playas infinitas
de montañas inmensas
de amigos y amigas
que abren sus corazones
y comparten
se comparten a sí mismos
nos entrelazamos
nos entretejemos
en una trama amable
       sólida
       fuerte
       infinita

Entonces, solo entonces
comprendo compasivamente
amorosamente
      la muerte y el dolor
      la guerra y la barbarie
      el fanatismo
      la violencia
      la ignorancia
pues son la terrible manera
de apreciar y entender
        el amor consciente
        la belleza
        la armonía
        la alegría
de este mundo dual,
por su contraste…

Redoblo entonces mi esfuerzo
para acrecentar y compartir
amor y belleza
acción y trabajo
amor consciente
acciones conscientes
concretas, útiles
con sabiduría y pragmatismo
sin tristezas que me ofusquen
acciones que abonan
a la armonía
         la de adentro
         la de afuera

Gratitud infinita

Héctor Marcelli
Noviembre 2019
Desde el bosque de niebla

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Espacios Sagrados

Desde mi perspectiva tántrica, absolutamente  todo en el planeta y en el universo es sagrado. Todo está formado de la misma energía primordial sin importar el nombre que le pongamos: quantums, quarks, polvo de estrellas, esencia divina, prana o el concepto preferido de acuerdo a los saberes o creencias de cada quien. El sentido de lo sagrado se refiere entonces, en este contexto, a la raíz común de todas las cosas, de los pensamientos y energías que circulan en el universo, sin importar si les consideramos materiales o divinas.

Desde esta perspectiva, es sagrada la vida tanto como lo es la muerte, pues son simplemente los puntos de referencia, el alpha y omega, que nos dan existencia en este mundo. Lo mismo vale para seres humanos, partículas subatómicas o universos enteros.

Entonces ¿cuál es el sentido de un taller de creación de espacios sagrados si todo es sagrado?

Sucede que en agosto de este 2019, en el Ashram del Bosque, nuestra querida Paula Kline, nos compartió un taller sobre la creación de espacios sagrados.

Teniendo como referencia la introducción de esta nota, mi comprensión y experiencia es la siguiente:

Efectivamente TODO es sagrado, pero la mente humana, por su naturaleza divide, separa, disecciona, clasifica, discierne -y por ende, fragmenta todo el mundo que percibimos-. En este proceso, se interpreta que hay cosas -ideas, conceptos, libros, personas o lugares-, más sagrados que otros. Esto nos lleva irremediablemente a que algunas cosas nos parezcan en contraparte, vulgares, mundanas, maléficas o sucias. Esto sigue siendo por supuesto, la clasificación dualista de cada mente. Sabemos por comparación y experiencia  que hay cosas que benefician a las personas y otras que les hacen daño, aunque esto puede ser muy elástico. Por ejemplo, golpear a alguien y hacerle daño es indudablemente “negativo”, pero si consideramos que es una persona “muy mala”, entonces no solo lo justificamos, sino que lo alentamos. Claro que lo de “malos y buenos” no es una clasificación universal, cada uno pone la maldad o bondad en donde sus creencias, sus filias y fobias le permiten.

Un taller como este, me permitió enfocar mi atención y sintonizarme con mi perspectiva de la belleza, la armonía, la parte luminosa de la vida. Todo esto por supuesto, desde mi propia interpretación de lo que estos términos significan, pues justo en el taller descubrimos algo curioso: Para algunos de los que participamos, un elemento central de la armonía es la simetría, en tanto que para otros lo es justamente la asimetría. Orden o caos. Algunos vemos una simetría armónica en la naturaleza, otros vemos una asimetría armónica en el universo. Esto se reflejó en los mandalas que creamos. Pero en todos hubo indudable belleza y armonía.

Aunque no a todos les atrae la palabra en sí –aún no encuentro una mejor-, me parece que el concepto de caordismo nos puede ayudar a ir más allá de las limitaciones de nuestra propia percepción, valores, creencias y certezas.

En todo caso, un taller de creación de espacios sagrados, como el que experimentamos bajo la amorosa y sabia guía de Paula Kline, es la oportunidad de enriquecer, de ampliar, nuestra percepción de la armonía y la belleza.

Gratitud

 

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Danzas

Dedicado a Lilian Villalba y Gwyn

Cuando tenía 14 años leí por primera vez un libro que despertó en mí un nuevo horizonte de posibilidades: “Encuentro con hombres notables“, de G.I.Gurdjieff”. Saber que existían unas danzas que te ponían en contacto con la consciencia, equivalentes a lo que ya conocía del yoga y la meditación fue como un despertar y una necesidad interior. Sin embargo, por más que busqué en ese tiempo encontrar un maestro o escuela que me las enseñara fue totalmente infructuoso. Existía efectivamente, una escuela del cuarto camino en la ciudad de México, pero era prácticamente hermética, sobre todo para un adolescente.

Por supuesto a lo largo de mi vida me vi subyugado por Nijinski, por  Isadora Duncan, sus vidas artes y danza me deslumbraban, por lo cual estuve incluso, tentado a incursionar en la danza contemporánea, particularmente al conocer la historia de rebeldía y exploración de Isadora Duncan, la cual me fascinó o al ballet, cuando leí la historia de Nijinski y sus saltos imposibles. Ambos me parecían buscadores de la verdad que traspasaban los límites y convenciones establecidos para experimentar directamente y con absoluta entrega, la existencia.

No fue ese mi camino, así que un par de años después encontré algo que canalizó en parte, mi necesidad de explorar la danza…

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Practicando Tai Chi en el Ashram de los Reyes, Amecameca, México.  1975

El Tai Chí

Lo sentí y experimenté como una combinación de danza, yoga, meditación y arte marcial. Así que dediqué algunos años en aprender y practicar esta milenaria disciplina de la mano del maestro estadounidense Don Sloan. Con el tiempo llegué incluso  a dar clases y algunas demostraciones por televisión. En ese tiempo, practiqué también un poco de Lima Lama, un estilo de arte marcial muy veloz y felino con un querido amigo. De hecho, un día en Guadalajara, México, mis dos Maestros tuvieron un combate amistoso. Fue más una hermosa danza que un combate.

Así que el Taí Chi fue y sigue siendo un sistema importante para mí,  pues aunque no lo he practicado hace tiempo, fue mi primer acercamiento directo en el aprendizaje del manejo de la energía y eso ha modelado toda mi vida. Otro regalo del Tai Chi fue que me permitió profundizar en el taóismo, que desde entonces forma parte de mi alma, pero aun así, no cubrió del todo mi expectativa sobre las danzas sagradas. Tal vez las había idealizado demasiado a través de los magníficos relatos de Gurdjieff. Un poco más tarde vi la extraordinaria película de Peter Brooks, donde llevaba a la pantalla la saga del libro de Gurdjieff, pero seguí sin encontrar quien me enseñara, además de que estaba ya volcado en otras investigaciones.

Después, el yoga y los proyectos socio ambientales comenzaron a ocupar toda mi energía, todo mi tiempo, así que el Taí Chi fue disminuyendo su presencia activa y solo a través de la meditación, mantuvo su presencia en mi vida.

Pero siempre sentí el llamado de la danza, siempre tuve un cuerpo delgado y adecuado para danzar. Así que buscando experiencias de manejo de mi cuerpo y energía, incursioné durante un tiempo en el teatro como un acercamiento al arte corporal, pero finalmente otras fueron las artes que me guiaron.

La danza regresó a mi vida de una manera inesperada y significativa. Un día caminaba por una calle de la ciudad de México, al dar vuelta en una esquina me tope casi de bruces con un amigo -de quien he olvidado su nombre-, quien venía acompañado de una hermosa y extraordinaria mujer que  me impactó de tal manera que al verla directamente a los ojos quedé deslumbrado, como una descarga eléctrica. Pienso que ella percibió algo parecido, por lo que me sentí un tanto apenado con mi amigo por lo evidente y fulgurante del encuentro, así que me despedí un tanto confuso. Pero como todo encuentro relevante en la vida, pronto nos reencontramos en un mágico lugar donde tuvimos la oportunidad de compartir con mayor profundidad, me enteré entonces que ella dedicaba su energía y creatividad a las danzas circulares. Por venir de ella me interesaron sobremanera, pero estaba demasiado absorto en los proyectos que impulsaba y la vida nos llevó pronto por otros caminos, así que tomé nota mentalmente de su arte y lo dejé para más adelante. Por supuesto, desde entonces le he seguido la pista a mi querida amiga quien ha seguido extendiendo este arte por muchos rincones y países de este hermoso planeta. Entendí que se trataba de danzas de todo el mundo que además de rescatar cultura y arte de muchas tradiciones y países, propiciaba el encuentro, la celebración, la comunidad.

A lo largo de los años, muchos y diversos encuentros -casi siempre con mujeres extraordinarias-, me fueron haciendo conocer de cerca otras facetas de la danza como instrumento de salud, conciencia, meditación, arte y comunidad. Las Danzas de Paz universal, las danzas tradicionales de diversas culturas de América y Europa y por supuesto, las danzas sagradas de Gurdjieff.

Este tipo de danzas tienen en conjunto, cualidades psicofísicas, energéticas, mentales, meditativas, espirituales y de fortalecimiento del sentido de comunidad, por lo que en ciertos aspectos aventajan al yoga y disciplinas afines.

  • La música. Es un elemento sustancial e imprescindible que les acompaña siempre. Aunque el yoga tiene toda una una tradición y diversas escuelas expertas en en el manejo del sonido, no es inherente a todas las prácticas.

  • La practica en comunidad. Este tipo de danzas pierden todo sentido si se practican en solitario. Esto le hace una práctica mucho más humana, tantrica y holárquica, pues aunque siempre existen facilitadores y maestras, estas no tienen una preeminencia jerárquica, además de conllevar un delicioso aspecto lúdico.

  • Un sentido cultural y ritual. Desde las danzas tradicionales que rescatan saberes de tradiciones antiguas, hasta la creación de nuevas danzas basándose en la música contemporánea. 

La danza a acompañado a los seres humanos desde siempre, como elemento de convivencia, para afianzar relaciones personales y comunitarias, hasta la creación de muy elaboradas coreografías artísticas, místicas y rituales. Hoy día surgen y resurgen por todo el mundo, como una maravillosa herramienta colectiva de bienestar que une armónicamente el desarrollo individual y social.

Siempre recuerdo con enorme gratitud, cuando finalmente re-encontré las danzas de Gurdjieff:

…Por la tarde, le tocó a nuestra querida guerrera, educadora, administradora y guardiana del Ashram, Lilian Villalba, compartirnos un movimiento de las danzas sagradas de Gurdjieff. Claro, algo sonó en el fondo de mi consciencia, pero aún no lo vislumbraba con claridad.

Lilian empezó explicándonos brevemente, el origen de las danzas y su objetivo de enfocar la mente y la energía para el despertar de la consciencia… Después empezó una tortuosa práctica (para mi), consistente en aprender esos movimientos asincrónicos, repetitivos y cambiantes, sin lógica aparente, con un brazo para un lado y el otro estático o moviéndose de otra forma, moviendo la cabeza y los pies en direcciones contrarias… Era frustrante, sufría, como sufro tratando de coordinar los pasos en un baile de salón. Siempre preferí el baile libre, precisamente por mi dificultad de encontrar el ritmo, el paso preciso. Finalmente, después de lo que me pareció mucho tiempo, Lilian dijo: – Ahora lo practicaremos con la música diseñada para este movimiento en particular.

Cuando sonó la primer nota, mi mente se puso alerta, luego en los siguientes acordes, mi cuerpo sintió una descarga eléctrica de alto voltaje, se me erizó la piel, mi corazón se expandió y palpitó con fuerza, mis ojos se humedecieron, una emoción inmensa, antigua y muy familiar me invadió por completo.  Entonces… mi cuerpo, reconociendo el movimiento y la música empezó a realizar sin dificultad, esos movimientos extraños con un gozo y armonía profunda..  Mi cuerpo sabía la danza!!  Sentí que de alguna forma llegaba a casa…  

Por si fuera poco, el domo geodésico, esta bella e imponente estructura de triángulos, pentágonos y hexágonos de madera donde nos encontrábamos, se convertía en un templo, en una cámara Iniciática donde se expandía mi consciencia en cada movimiento. Es como si este lugar hubiese sido diseñado y construido para ese fin…  

Después, conocí a Uttam Modenes, Maestro de Danzas Sagradas. Decidí apoyar su trabajo para que poco a poco se vaya formando una Sangha en México para que otros puedan contar con esta magia desde niños. Justo eso es lo que sentí en mi reciente visita al Ashram del Valle Sagrado en Cusco, Perú, cuando vi a los chicos y chicas de secundaria del colegio de Lilian, practicando con toda atención, gusto y seriedad las danzas de Gurdjieff…

Conclusiones:

Todo tipo de danza mueve profundamente el cuerpo, la energía y la psique humana. Dependiendo de la sintonía o frecuencia vibratoria de cada música y danza, esta puede estar más enfocada a lo corporal/sensual, a lo emocional, lo mental o espiritual.

No pretendo de ninguna manera hacer una clasificación, el “etiquetado” de cosas o personas no es mi fuerte, pues casi siempre se ubican en categorías o jerarquías de valor y para mi, toda área del quehacer humano es válida y necesaria, pues existe. Sin embargo puedo compartir mi experiencia sobre el impacto que en mí han tenido tres tipos de danzas florecientes hoy día:

  • Danzas circulares
    Crean comunidad, rescatan cultura y valores de todo el mundo, fomentan la alegría, la fraternidad, el compartir. Nos sintonizan con una amplia gama de sensaciones de forma colectiva y lúdica. Pueden hacer referencia a tradiciones, anécdotas, cuentos o antiguas enseñanzas. Liberan del estrés, mueven tu cuerpo haciendo ejercicio de forma gozosa

  • Danzas de paz universal
    Creadas por el Maestro Sufi Murshid Samuel Lewis como una práctica espiritual. 
    Nos sintonizan con  frecuencias finas del alma humana. Tienen la cualidad de fomentar o facilitar un estado meditativo de la mente. Algunas pueden ser bastante elaboradas, lo que requiere mayor atención, concentración y sintonía entre l@s participantes. 

  • Danzas sagradas de Gurdjieff
    De enorme antigüedad, rescatadas y actualizadas por G. I. Gurdjieff. Su estructura, la música específica que se usa, los grados de complejidad creciente implican un esfuerzo de cuerpo y mente que le convierten en un sistema equivalente al Raja Yoga.  Pueden llevarte a la esencia de ti mism@, es decir al despertar de tu consciencia trascendental.

     

Por supuesto, las fronteras entre estas tres formas de danza son muy sutiles, intangibles y pueden mezclarse, aunque, particularmente las de Paz Universal y las de Gurdjieff tengan protocolos rígidos y formas estrictas de enseñanza. Pero la era de acuarius va tan rápido, que todas las herramientas para la expansión de la consciencia van mezclándose, subdividiendo y transformándose…

Gratitud

 

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